Pobre pelada

Lourdes se dice día tras día a sí misma: “paciencia mi pequeño saltamontes”. Se lo repite cada vez que su cabeza le hace una mala jugada e intenta sacarla de su eje. Lourdes no es impaciente, ni es ansiosa, pero su cabeza sí lo es, y su cabeza intenta ganarle a su alma y apoderarse de ella, tornarse su ego y cambiarle la vida. Pero Lourdes, paciente y sonriente se dice a sí misma: “paciencia mi pequeño saltamontes” y se convence solita de que todo ocurrirá a su debida hora, en su debido lugar.

En otros momentos su cabeza toma cuenta de ella y siente ganas de arrancarse los pelos de la cabeza y salir gritando a ver si eso acelera el paso de las cosas, pero cuando se da cuenta de esto se ríe, tranquiliza y vuelve a pensar “paciencia mi pequeño saltamontes”.

Pobre Lourdes, si se deja terminará pelada.

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