De gil en gil

Se engancharon hace un año aproximadamente, más por la falta de habilidad de ella para decir no, o por simple aburrimiento y por ponerle un poco de sazón a la vida. Él la persiguió, ella lo ignoró. Pasó el tiempo, y él entró en contacto.

“Estaré el jueves allá por laburo. Nos encontramos? Unas cervezas, algo tranqui…”

Por tener amigos en común y no pensar que había nada por detrás de la invitación, aceptó.

“OK, mandá un email o algo cuando llegues y nos encontramos a la noche para tomar algo.”

Se encuentran, todo va bien. Charla, cerveza, cigarrillo, risas, bruschetta, cerveza, cigarrillo…creo que fueron tres cigarrillos en total. Y 3 cervezas.

Cero onda, por lo menos para ella. Él empieza a ponerse toquetón.

“Ah, a ver tu pulsera.”
“¿Y esas uñas? Lindo color.”

Ella se iba poniendo incómoda, ya sabía por dónde venía la mano. Pero no le había dado ninguna señal. ¿O acaso reírse es una señal?

“Bueno, ¿nos vamos? Mañana se labura.”

“Sí. La cuenta por favor. Te acompaño a casa y me tomo un taxi de ahí.”

Ella se pone más incómoda porque sabe que vendrá el ataque, pero no cuándo. Eso siempre es desconcertante.

Empiezan a caminar, ella contando los pasos, él probablemente viendo cómo meterle mano… Le pone el brazo alrededor del cuello mientras caminan, ella se hace la boluda y hace un medio baile y se deshace del abrazo no solicitado. Él vuelve a intentarlo, acercándose más de lo necesario. Ella sigue bailando.

Llegan al edificio y llega la hora de la espera. Ella llama un taxi y se pregunta si él le habrá oído decirle telepáticamente al señor del taxi “¡venga rápido, por favor, se lo pido!”

Se acerca la hora del ataque. Es como un baile entre dos. Un breve toque por acá, un “cerrate el busito que hace frío”, un acercamiento. Todo él. Ella se alejaba, trataba de que no hubieran toques y que él no llegara a agarrarle el buso para “cerrárselo” y así acercarse a su cara. En su cabeza sólo pasaban las palabras: ¡¡¡No no no!!!

“¿Qué hacés?” “No, no quiero.” [risas de tener las bolas llenas pero no querer ser muy cortante] “Dale, cortala.”

…baile…

“¿Por qué?”

“Porque no quiero.”

…sigue el baile. Ella se aleja, él la vuelve a buscar…

“Sí, querés.”

“¿Cómo que quiero? ¿Por qué decís que yo quiero?”

“Y…porque yo quiero.”

[ahem…gil]

“Uy. Mirá. Llegó tu taxi. Bueno…chau.”

Ella se dio la vuelta y con algo de disimulo se apresuró a entrar al edificio, obviamente sin mirar para atrás.

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