Cosa de abuelas

No sé cómo lo sabía, pero ella lo sabía. Será eso que tienen las abuelas, que han vivido tanto que ya intuyen este tipo de cosas. Sabía que yo no era lo suficientemente fuerte para aguantarlo todo. De alguna forma mágica hizo que se atrasara el avión y que pudiéramos estar más tiempo juntas. ¿Ella sabrá que yo estuve ahí con ella? Me imagino que pudo sentir mi energía a su lado. Y esperó. Atrasó el avión para que tuviéramos más tiempo juntas para despedirnos, y esperó a que yo me subiera al avión para fallecer. Sabía que yo no aguantaría bien el entierro, a la gente y sus palabras de afecto y abrazos, al sufrimiento de mi madre – que me desmoronaría ahí mismo, no siendo una ayuda sino un estorbo. Lo sufrí a distancia, a mi manera, muy sola, y durante mucho tiempo me pregunté por qué, por qué ella me habría evitado este sufrimiento, pero sé que ella lo hizo por algo, porque sabía algo que yo aún no sé. Y de alguna forma, desde allá arriba, no me deja arrepentirme de no haber estado ahí a su lado en ese momento, por más que yo lo intente. Es como si lo que hizo fue por mi propio bien y de alguna forma me asegurara de ello. No sé si será así, pero es como yo lo veo.

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